Primero fue curiosidad. No sé cuándo fue la primera vez que escuché hablar de la bloguera Yoani Sánchez. Pero sé que comencé a seguir sus post con mucho interés. De vez en cuando entraba a leer los comentarios antes de que fueran cientos o miles. Mucha gente escribía cosas muy interesantes a favor o en contra de la Revolución. Otros se limitaban a escribir vulgaridades sin más allá ni más acá. En esa época, me hice asidua de los blogs Sin evasión y Octavo Cerco. Dos ventanas a la isla que muestran la realidad cubana, desde la perspectiva de dos generaciones diferentes.Mi segunda reacción fue la desconfianza. ¿Cómo encarcelan a personas por los mismos “delitos” que esta chica está cometiendo y a ella no? ¿Por qué? ¿Hasta qué punto es un producto o fenómeno mediático fabricado? Estas y muchas preguntas me las hice en aquel momento y aún me las hago.
Sin embargo, la respuesta hace tiempo ha dejado de tener importancia. Si es o no es algo fabricado, ya no me interesa particularmente. Si bien es cierto que la inmensa mayoría de los que la siguen son cubanos, también es cierto que muchos extranjeros han leído sus post y gracias a ellos han tenido acceso a un trocito de nuestra realidad. Por otra parte ha sido pieza fundamental en el fenómeno bloguer cubano devenido prácticamente en “movimiento bloguer”. Este movimiento ha despertado cierto interés respecto a la situación cubana, provocando que los blogs de cubanos, ya sea desde la isla o del extranjero, sean cada vez más leídos.
No tiene importancia si es una falsa heroína, alguien que sólo busca protagonismo, una mártir o una chica que se cansó y se volvió “loca”. Eso no tiene la más mínima relevancia porque en sus post, no he descubierto una sola mentira. Porque a pesar de todo, es una persona valiente, una persona que defiende los derechos de los ciudadanos de su país. Eso es siempre admirable.
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